Este blog es esencialmente inútil. Aspiro a que estas palabras sean ininteligibles, porque lo que busco es precipitarme al fondo del abismo. Infierno o cielo, ¿qué importa? Hay que ir hasta el fondo de lo desconocido para encontrar lo nuevo.

martes, 30 de octubre de 2018

Casi pierdo la esperanza de estar vivo (poema)…


Mujer…
perdóname este amor que se duerme como niño entre tus venas,
arrullado por el canto de tu sangre que es el temple de mi estirpe…
melodía que se crece de sencilla pa’ nombrarte hasta la médula
cuando la noche camina entre fulgores de estrellas y distancias bien servidas
agarrada de la mano de tu sombra como un ángel de la guarda que te cuida.

Me arrodillo en la tierra perfumada de tu vientre donde puse mi semilla,
bendito ha de ser el fruto de ese árbol que te crece y respira tus secretos
mudando –hoja por hoja- con el murmullo de un rezo aquellos sueños sin tiempo
que entre puebladas de espejos y la suma de silencios
                                                                                      -en los bordes del deseo-
se va soñando tu vida.

Ya ves,
me voy rindiendo a lo eterno cuando te escucho invocándome.
Clavo la luna en tus ojos para ver en ellos mi cielo,
tejo en tus labios la brisa para en un beso de ternura poder remontar mi vuelo
y juro que siempre vuelvo… 
siempre vuelvo a aquellas flores, desnudas y temblorosas, que me dibujan tu pecho
entre pétalos que huelen a hembra con piel mojada
de la memoria de un río que va besando orillas pa’ darle a la tierra… agua.

lunes, 29 de octubre de 2018

Cuando me nombras (poema)…


Shtjefën, me invocas…
y tu voz se oye próxima, inmediata, limítrofe, urgente…
como si con su melodía me fuera besando el pensamiento.

Me atestigua ante ti:
una sombra, un aroma, un vestigio, el eco de unos pasos…
la esencia que me habita que no es de este mundo.

(Pero eso ya lo sabes).

A veces no te alcanzo…
te indago simplemente con el amor que llevo puesto
entre el pecho y los brazos,
con este corazón expuesto al fulgor que me crece
sobre el diseño más secreto de la noche.

A veces quedo lejos…
y entonces en tus ojos va dejando su rastro la desnudez de la melancolía,
-esa traza que delata lo insulso de las horas-
cuando tus lágrimas se hacen un modelo para la soledad
al no hallar mi sonrisa.

domingo, 21 de octubre de 2018

No me niegues tus alas (poema)


Hay en tus ojos la terrible desnudez del cuerpo que me incluye,
un amor interior que solamente se interroga 
con la contemplación que llevo en el desatino de mirarte…
mujer amada, 
hilandera de la lluvia doliente que saluda en mí a través de la nostalgia: 
¿hay acaso otra forma de asomarse a un misterio que hasta el juicio final 
será el color de la revelación en nuestras vidas?

Tú no entiendes tus manos, 
esas manos con sus alas ceñidas al brasero del sueño…
pero a mí me duele la caricia cercenada 
por la voluntad de un Dios que me hizo bruma opaca,
fantasma que no puede dormir sin la dulzura de tu piel 
gastándole los bordes a los miedos,
triste arena que se vuelve juguete de la brisa al bajar la marea…
pero tú eres mi casa y tienes el olor a costumbre que te han dado mis hábitos: 
–esas dulces monedas que encienden con ternura los días que apagamos-.

(Porque soy el invierno tanto como soy tus pasos,
y tu amor derrite la nieve que mana de mi corazón entumecido por el aire).

Ya ves que no puedo morir, porque estoy muerto…
sólo te espero en mi mundo de fugitivas sombras cuando se cumpla el ciclo 
y tu forma de barro te despida.
Entonces comprenderás que la existencia no acaba con el final del cuerpo
y que el cuerpo no es más que aquella casa que al ausentarse nos recibe 
en otro cielo.

viernes, 19 de octubre de 2018

Prólogo al libro de poemas: “De lo que fue dictando un sueño” de Esteban D. Fernández…


El libro que tienes en tus manos tiene mucho de invocación y evocación … pues este poemario es el manifiesto de los versos dictados por un sueño, por un hombre ideal llamado Esteban D. Fernández que ha traspasado las fronteras de la muerte, de lo permisible para cualquier humano, en un intento de rectificar continuamente el paso de la mujer que ama por las veredas de la eternidad.

Esteban D. Fernández es mucho más que una ruptura de la mente para nacer una ilusión que da sus alas para volar por los cielos sin límites de la poesía, es un quiebre del tejido de la vida para dar paso a una irrealidad que toma forma en lo real.

De lo que fue dictando un sueño, es, en resumen, la conquista de una aparición, de algo nuevo, de algo que no estaba y que, sin embargo, con el transcurso de los días se ha transformado en lo único que tiene sentido en un mundo preñado por un profundo tedio, que sólo se vence por las incógnitas y misterios de esta visión que trasciende los límites de cualquier espejismo. En este caso, la palabra crea la realidad tratando de vencer con cada verso la transitoriedad de ser y el tiempo.

sábado, 13 de octubre de 2018

Tú no sabes quién soy (poema)...


Tú no sabes quién soy…
y, sin embargo, hay tanto de ti misma que me nombra
cuando me renuevo en un perfume, 
en la pluma de algún pájaro debajo de tus sábanas,
en el candil que proyecta mi sombra contra el muro, 
en un rumor de pasos…

Tú no entiendes mis modos de partir ni de llegar…
no puedes comprender que desde mi frontera también eres incógnita,
materia imposible y rebelde a los caprichos de la luz,
pero siempre llenas mis ojos con tu fuego hasta hacerlos temblar en una lágrima.
Desde este lado también eres aquello que se invoca, 
idioma intraducible de los límites, fractura y humo del sueño que se llama,
mientras caigo, desnudo, por la grieta sin términos que abre la añoranza.

Yo soy como la estrella que te alumbra pero que ya se ha apagado, 
cauce seco del río, anónimo ademán de la costumbre, 
corsario al que salvaste del mezquino saldo de un naufragio.

¿Será por incorpóreo, por exiguo, por sueño, por efímero?

viernes, 14 de septiembre de 2018

Estoy aquí para alumbrarte (poema)


Fue sagrada la lluvia que limpió de tierra los tristes huesos de los muertos,
simple barro, manojo de albardillas que florecen murmurando la canción
que levanta la brisa de los inconmovibles labios del follaje.
Y aunque no importe llover y aunque nos duelan los muertos… aquí te espero,
aunque mi alma se haga muro que erige lo invisible en las ladronas alas de la niebla.

Mujer…
el sol se me hace negro como una amenaza de cielo sin promesas,
se me duerme la voz en el descanso de tus manos… -con tanto que decirte-
pero he cerrado mi boca con tu beso y he cantado un himno de alabanza
para después del día en que dictarán los dioses su palabra, donde yo seré tú:
en la frontera sin descanso de la piel, en el aliento final del porvenir,
en la sombra del vidrio que devoró el azogue con un hambre de espejo
a medio concluir.

(Entonces me mirarás igual que la profecía de un paso
que se anticipa al camino aún no creado
y hurgarás en el corazón cerrado de la rosa con ímpetu de celo).

jueves, 8 de febrero de 2018

Prólogo al libro de poemas: "Inscripciones del tiempo" de Esteban D. Fernández


Soy enemigo de los prólogos. Sólo en los últimos tiempos. Antes tenía un concepto diferente de ellos. Pero soy consciente de que un día éstos subrayaron mis textos bajo la impresión de otros a los que considero talentosos escritores. Por esa deuda pendiente tal vez y por la amistad que me une a quien me pidió que lo escribiera, este prólogo existe.
No soy poeta, aunque hubo un tiempo en que me consideraba escritor de versos y gasté cientos de palabras y un buen puñado de papeles en dejar constancia de ello. Eran tiempos en que vivía enamorado del amor, en que era un muchacho doliente al que las estacas se le clavaban una y otra vez en el corazón, agujereándolo como un castigo, agrietándolo hasta hacerlo pedazos o jirones o lo que sea. Destrozándolo. De mis enamoramientos, que exaltaban mis pasiones y turbaban mi percepción del mundo hacia colores vistosos, y de mis decepciones, que lo teñían todo de negro pesimismo, surgían mis versos. En esa montaña rusa de emociones y sentimientos que llenaban páginas y páginas como desahogo del alma. Pero no. No soy poeta. Sólo viví creyendo hacer poesía. Por eso me sorprende que se me haya pedido hacer esto. ¿Qué puedo decir yo de versos y rimas? Nada. Eso se lo dejo a los eruditos y entendidos. De lo que sí puedo hablar es de la evocación.
Cuando yo escribía poemas de amor y desamor no pensaba en la rima ni en intrincados artificios y estructuras, sino que me valía del sentimiento que se destilaba de sus versos. Lo que evocaba para mí y para otros era lo importante, porque en el propio vómito impulsivo de su creación veía yo la impronta de mis emociones. Sólo así veía fidelidad a la hora de traspasar la carne y la mente para depositar mi alma sobre el papel y que otros, acaso, lograran entender y vivir a través de mis palabras. Si hablo de todo esto es porque Esteban D. Fernández posee ese lenguaje visceral que nace de dentro y se instala con cierto dolor en la hoja en blanco, para llenarla de matices e impresiones nacidas de la soledad, la tristeza o la exaltación del amor, pero que pasan, además por conceptos más complejos que incluyen mitología, filosofía y religión.

Prólogo al libro de poemas: "Recuérdame" de Esteban D. Fernández

  ¿Cómo presentar un libro de poesía?... ¿cómo describir el vuelo de una mariposa o el yunque de un herrero?
¿Cómo presenciar el nacimiento de los frutos?: ¿desde las manos del labrador?, ¿desde la grieta de la tierra fértil?

¿Cómo presentar un libro de poesía?
Se habla de un autor, de su alma rebelde y a la vez dócil. Se habla de los versos, libres de ser, pájaros… el canto del alma, el rugido del amor en cada verso.

Seguramente ambos elementos, autor y obra, están mucho más ligados entre sí de lo que puedan especular o decir de ellos estas palabras.

No imagino ahora la importancia de un prólogo, pues sólo puedo dimensionar entre vislumbres el camino que se abre a partir de las páginas siguientes… quizá esto sea un simple acompañamiento que, imposiblemente, pueda dragar la profundidad de dicho camino, las páginas verdaderamente necesarias.

El amor del poeta… la piel de la poesía…
Fuego y lluvia, eso será cada poesía en su más noble decir.
Polvo y viento el poeta, sólo eso, nada más y tanto, en la colonia de sueños y realidades que lo atraviesan.

lunes, 29 de enero de 2018

El saldo de la herencia (poema)...

Te sigo paso a paso… quiero estar vivo,

rehacer a partir de tu aroma el aire en que me nombras.

Quiero que me oigas…

romper la llave del error con que abrimos las sombras;

amar todas las caras de tu júbilo en un idioma sin fronteras,

desasido del cielo que se volvió distancia en un siglo de espera.
Quiero que nos alcemos como hierba

y en un escalón del “todavía” hallar la salida

de este instante de ausencia.
Algo me trae el día…

cuando me veo desnudo cicatrizado en tus palmas,

como un puñado de barro que toma forma en tus manos… niña mía.
Así camino… y no quisiera mirar…

pero tengo tus ojos que me explican este intento…

como si hubiera lugar para esta vida…

asomado a tu aliento desde la puerta de mi alma

donde me sostienen solo el tiempo y la pregunta.

 

Este morir naciendo cada vez en tus labios…
Este nacer muriendo cada vez en tus manos…

 

Esteban D. Fernández

Del Poemario: “Recuérdame”.

 

 

jueves, 25 de enero de 2018

Shamballa (poema)...

Distantes como el secreto de una señal anunciada
por el trigo que los difuntos siegan más allá de los campos
abismados en el estigma de murallas de hierro…

cercanos como las cenizas de la perpetuación que dictan al pie de los oráculos
el trazado de un espacio no revelado a lo que nacerá otra vez
en el seno de lo que habita en el aura sagrada del berilo;

mensajeros del tiempo que se levantan en la memoria de la gran añoranza
del otro lado del no estar con la visión inclinada hacia la sombra
de los que no beberán las aguas de Leteo ni dejarán algo de sí
en el umbral de cada puerta leída en las tablas de piedra de la diosa.

Barro animado que se eleva hasta los humos del altar,
leche de cabra que nutre los siete pasos hacia los puntos cardinales,
llamado desoído por la hierba que de la providencia crece
en un murmullo de ofrenda que esgrime el sortilegio de las constelaciones.

Habitantes de la legión del más allá:
de los encadenados a la tierra
de los que no han de volver más
de los que no han venido aún.

Ángeles establecidos en el uno,
sobrevolando el resplandor de los espejos en la permanencia de la duración
donde un cántico recoge las palabras de “pase” que nadie dijo más,
el último llamado que prolonga la voz de una estación
que nace debajo del silencio lo mismo que el signo de un olvido;

sentencia que abre hacia el revés de todo nacimiento,
dominio inalcanzable por las migraciones del alma
cumplidas en cada cuerpo de morir.

Esteban D. Fernández

Notas:

Berilo: Piedra preciosa parecida a la esmeralda, de color verde muy subido y transparente, que se utiliza a modo de espejo mágico, en cuya aura astral puede el vidente observar apariciones e imágenes de cosas futuras.

Leteo: Río del olvido.